1. El hipster

Este tipo es un nihilista por excelencia. Su éxito está en NEGAR que es un hipster hasta que se le caiga la barba y se le pierdan los tirantes. Va a pequeñas galerías los jueves en la noche y si te lo cruzas en uno de esos días, o cualquier otro, también negará, cuestionará y desmentirá los fundamentos básicos de tu vida. Una charla con él resulta agotadora y estará llena de palabras rebuscadas porque su único fin en la vida es NUNCA parecer SUPERFICIAL. Ahora, hay que destacar que, por apariencia o convicción, se preocupa por conocer de arte, leer, viajar y ser un tanto ecológico. Si le preguntas, seguramente tendrá el trabajo más interesante y envidiable que jamás hayas escuchado y habrá estado más de una vez en un encuentro cercano con Vargas Llosa o García Márquez.

2. El revolucionario

Él no es un hipster. Es un verdadero convencido de la filosofía y la revolución. Probablemente se graduó o hizo algún tipo de posgrado en la Nacional. Tiene una sola camiseta y unos pantalones de esos anchos con rayitas verticales que lo delatan. No te lo vas a encontrar muy seguido en bares porque por lo general solo asiste a tertulias y organización de manifestaciones. Lo verás en todas las marchas, no importa qué sean, mientras desafíen el status quo (una de sus palabras favoritas) él estará ahí. Muchos de estos son grandes atletas y los verás haciendo cosas increíbles en los semáforos dignas del Cirque du Soleil – al que nunca se unirán por ser otra forma de entretenimiento del satánico mundo capitalista.  Una conversación con él resulta, de hecho, bastante enriquecedora, ya que para cada tema de conversación tendrá un sin fin de referentes absolutamente desconocidos para ti y para el mundo, verdaderos genios de los que jamás te enterarías si no fuera por un revolucionario.

3. El ñoño prometedor

Es por lo general pastuso, costeño o rolo. En muchas ocasiones tiene problemas con la pronunciación de alguna de las consonantes del abecedario, que compensa y reprime con su vasto vocabulario, el cual indaga diariamente en busca de sustituciones para no avergonzarse. Siempre tiene un amor platónico que acabará por decepcionarlo, y una mejor amiga de la cual no se despega nunca a la que trata como a otro tipo, pero que tarde o temprano terminará siendo su esposa. Este man en algún punto saldrá en revistas por haber inventado la cura contra el cáncer o la solución para la súper-longevidad. Es ávido lector sobre nanotecnología y transhumanismo. De hecho, no hay un tema de actualidad del que le puedas hablar sin que él termine por darte datos y referencias para que te instruyas mejor. Conoce la situación política del 80% del mundo y se sabe de memoria todos los nominados para el Premio Nobel desde sus inicios. Es un gran cerebro opacado por la dialéctica social y los afiches de Hollywood.

4. El vecino costeño

Este man es una verdadera pesadilla como vecino, pero de alguna forma siempre hay uno en tu edificio y, casi siempre, vive en el apartamento del frente. Nadie sabe cómo es que se graduó y tiene un trabajo estable en el área financiera de alguna multinacional, porque siempre es, no solo el alma de la fiesta, sino el anfitrión. De lunes a lunes habrá otra mano de costeños en su casa todos gritando al mismo tiempo, lo que hace que la música a 175 decibeles no sea el verdadero problema. Sin embargo, lo que dificulta más las cosas es que, las veces que has ido a reclamarle, terminaste con una copa en la mano cantando La gota fría a grito herido, así que ahora ni siquiera lo intentas porque mañana hay que trabajar y, hay que aceptarlo, el tipo es un bacán.

5. El caleño sabrosón

Es idealista y soñador. No es sino que suene un timbal para que este man se pare como un trombo y arranque a moverse… suavecito. Nunca encontrará la pareja de baile perfecta y, mientras a las cachacas les pedirá que se dejen llevar, a las costeñas les demandará que se muevan menos. Es un endulzador de oído por excelencia y, aunque no siempre resulte siendo el más encantador, su desdén de sobradéz tiende a inclinar la balanza a su favor. No es el más lector y no le interesa hablar de eso. Siempre dirá que es un “costeño con clase” y se quejará de lo bullosos que son los barranquilleros, pero la verdad es que cuando se emociona gana con una ventaja abismal.

6. El paisa radical

Lo reconoces por su figura perpetuamente en forma, sus jeans noventeros y la greñita que les cuelga sobre el cuello, ya sea en una trenza o envuelta en hilos. Este tipo hace TODOS, óigase bien, TODOS los deportes terminados en –ING y siempre carga en su morral un arnés y una cuerda. Si bien no es bilingüe, maneja el spanglish técnico típico de los deportistas de alto riesgo y, como es de lo único que habla, da la impresión de ser el más diestro en los idiomas. Nunca ha salido del país debido a que su salario se va directo a la cuota de la tarjeta de crédito (de poseerla) con la que ha comprado sus costosísimos equipos deportivos. Aún así, se conoce cada uno de los pueblitos, ríos, montañas, valles y lagunas de cada una de las regiones del país y en todos tiene bien sea una matrona o un chamán al que considera familia. Es el experto pragmático de la geografía y la mecánica.

7. El gomelo

Este man es de Bogotá, así parezca que habla cualquier otro idioma menos español. Se graduó en un colegio SÚPER BIEN y su mayor habilidad es el pseudo-ventrilocuismo porque cada vez que habla te preguntas de dónde carajos viene el sonido si NO-ABRE-LA-BOCA. Muchos de estos los encontrarás en las agencias de publicidad o en Nueva York. No importa qué diga o si es el MÁS querido, siempre la primera impresión es odiosa por el esfuerzo sobrehumano que deberás hacer para entender lo que te dice – hecho que se acentúa en las conversaciones al oído en discotecas. Conoce a TODO el mundo y todos los médicos de la ciudad son papás o tíos de alguno de sus amigos del colegio o de una de sus ex-novias – a las que te vas a encontrar seguido porque serán actuales mejores amigas o, en su defecto,  novias del mejor amigo del gomelo.

8. El yupi entusiasta

Sí, el mismo de los noventas que aparentemente se consolidó y permanecerá vigente por el resto de la eternidad. Ya sea blazer y corbata o saco rosado colgando en los hombros, este tipo siempre se asegura de gritarle al mundo que es un YUPI. Y es que hasta su nombre lo dice, este man es un entusiasta de la vida. No le interesa hacerse preguntas interesantes, leer o ser más consciente. Le interesa pasar la vida y pasarla bien, con tranquilidad y el control de su televisor o su Apple Tv en mano. Su barriguita y la calvicie le importan un pepino. Se siente sexy en todo momento y, a pesar del interés del resto del mundo por ser diferente – el cual reprocha todo el tiempo, él se siente a gusto perteneciendo a la mayoría, así que le gusta el reggaetón y no le da pena cantar todo el RAP de Wisin & Yandel en Bendito o Andrés.

9. El Crossfitero

No importa si te lo encuentras en el parque, en el gimnasio o debajo de un puente, SIEMPRE está colgado de alguna barra o empujando algún bulto. Este man evidentemente está más bueno que el pan y no es gratuito. Salir a comer con él es una experiencia: el mesero siempre confundirá sus platos y, aún sin decir nada, te hará sentir como la más gordita, así que terminarás por dejar la mitad de las papas fritas. Ahora, no es que no diga nada, el Crossfit, como él mismo se encargará de hacerte entender, no es un ejercicio, sino un estilo de vida y toda la suya gira entorno a él. Siempre tiene un paquete de Natuchips en el bolso y alguna lesión crónica que se empeora dos días antes de cada competencia. Si quieres reconocer a un Crossfitero, tira algo en el piso y pídele que lo recoja, verás de lo que hablo.

10. El bicicletero

Una especie en acelerado crecimiento, los bicicleteros pululan en la ciudad. Andan de morral en el que cargan snacks o camisetas extra y llevan siempre orgullosos su casco en la mano. No importa si vive en la 26 y su trabajo es en Chía, este man se despertará feliz a las cinco de la mañana para llegar a tiempo en su vehículo de pedal. Lo han atracado más de seis veces en el año, pero defenderá hasta la muerte la seguridad de andar en la bici. El lado más divertido de los bicicleteros sale, como el de los superhéroes, por la noche cuando encienden sus lucecitas y se convierten en un show LED andante. Viven metidos en Mercado Libre o Amazon buscando nuevos gadgets. Lo que inició como una forma de ayudar al medio ambiente o de ahorrar en gasolina, hoy es la más genuina manifestación de su ser y lo único que no querrás hacer al entrar a sus vidas es hablar mal de su bicicleta – la consentida.

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